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Los discursos de graduación
Decidirse por el MBA del IEEM no es una decisión fácil. Significa un compromiso importante, posiblemente más que en cualquier otro emprendimiento de desarrollo profesional, en términos de esfuerzo, tiempo, apoyo de la familia, y dinero. Como en toda compra de intangibles, el potencial consumidor evalúa sus alternativas cuidadosamente, compensando riesgos con información. Y específicamente, consultando a personas, conocidos y no conocidos, que ya lo hayan hecho, y que sean capaces de ayudarlos a resolver la pregunta: ¿valdrá la pena?
De hecho, el 94% de los participantes del MBA del IEEM menciona las referencias de antiguos alumnos como influencia clave para haber decidido por su propia participación.
Lo que sigue es una compilación de fragmentos de los discursos que ofrecieron los presidentes de la promoción, el día de su graduación, a sus familias, sus propios colegas, y al equipo del IEEM. Ellos son Amparo Vilaró, MBA 2002-03; Analía Moreda, MBA 2003-04; Pedro Garra, MBA 2004-05; y Daniel Boutmy, MBA 2005-06.
El arranque
“Hace dos años quienes aquí nos estamos graduando tomamos la importante decisión de hacer el MBA del IEEM. En esa época no estábamos en conocimiento de la metodología del caso para hacer un análisis riguroso y metodológico, pero de manera más o menos intuitiva todos, sin excepción, hicimos nuestro análisis y tomamos la decisión de embarcarnos en esta empresa por considerarla la mejor alternativa.
Nuestros objetivos entonces eran varios: desarrollar capacidades gerenciales, potenciar nuestras habilidades de liderazgo, reconocer y profundizar nuestro espíritu emprendedor, y adquirir conocimientos técnicos para el manejo de los recursos humanos. ¿Y todo esto por qué? Porque queríamos ser mejores profesionales para poder afrontar con éxito los desafíos de este mundo cada vez más competitivo y exigente”.
“¡Cuántas expectativas, cuántas interrogantes, cuántos nervios! ¿Seríamos capaces de adaptarnos de nuevo al régimen de estudio? Sabíamos por antiguos alumnos que estos profesores eran bravos y exigirían mucho. ¿Podrían los no contadores sumergirse en los temas contables y financieros? ¿Podríamos los contadores comprender todo aquello de Análisis de decisiones y de Operaciones? ¿Cómo sería estudiar codo a codo con un arquitecto? ¿Y con una ingeniera química o una economista?
Fueron días difíciles unas veces, divertidos otras veces, positivos siempre. Aprendimos muchas cosas de nuestros profesores, de nuestros compañeros y de nosotros mismos. Recibimos muchísimos conocimientos técnicos, pero lo que es más importante, recibimos una formación realmente integral, nos consolidamos como un grupo humano excepcional, y evolucionamos como personas”.
Las personas
“No puedo estar más feliz con el grupo humano que formamos y con la forma en que hemos compartido todo en el camino. Siendo treinta personas con distintas experiencias y casi todos desconocidos al principio, resultó notable la unidad que fuimos construyendo incluso a partir de las diferencias de enfoque, criterios y formas de ser”.
“La diversidad de profesiones reunidas en este grupo nos aportó puntos de vista muy diferentes a los que cada uno de nosotros estaba acostumbrado a considerar, y se fue produciendo así, la tan famosa ‘apertura de cabeza’ que nos explicaban sería uno de los principales resultados del MBA del IEEM”.
“El IEEM y su personal han sido durante todo este tiempo una guía, un referente, un apoyo, pero por sobre todas las cosas nos brindaron un lugar donde sentirnos a gusto y poder expresar libremente nuestras ideas, plantear nuestras dudas e inquietudes y donde se nos permitió desarrollarnos profesionalmente”.
Aprendizajes
“Entre las tantas cosas que aprendimos está la de escuchar más que hablar, tener una apertura de mente y a la vez una firmeza en el criterio, que el valor más importante de cualquier empresa es su personal por ello es clave la habilidad de quien o quienes la dirigen de generar capital humano y por ende capital social. Aprendimos que hay que practicar la virtud de la prudencia, del sentido común y tener fortaleza y templanza para tomar la decisión más adecuada en cada caso y ejecutarla, incluso cuando sea necesario enojarse”.
“En cuanto a los aspectos académicos, debo reconocer que no me imaginaba ni de cerca la cantidad de nuevos conocimientos que el MBA nos iba a aportar. Pensaba, y sigo pensando, que en nuestro país muchas veces alcanza con sentido común para hacer la diferencia. Lo que desconocía, es el gran aporte que cada uno de nosotros puede hacer ahora, ya sea desde el mismo lugar o en las nuevas responsabilidades que pronto nos tocará asumir. Ese “sentido común” al que me refería, se ha visto notablemente reforzado por los conocimientos adquiridos y, en especial, por la gimnasia de dirección que hemos realizado a través del método del caso”.
“En este momento todos tenemos claro que la tarea no es fácil y que hay que pensar en el largo plazo. Tomar las decisiones correctas generalmente es duro, pero es el único camino para que nuestras empresas sigan adelante y sean los motores de la sociedad. Nuestros profesores nos han ayudado a descubrir que, desde el lugar que nos toque en el engranaje de la comunidad, tenemos el deber y la responsabilidad de ser agentes de cambio al propiciar ambientes de trabajo donde prevalezcan la confianza, el respeto, la comunicación y el premio al trabajo bien hecho.
Uno de los aprendizajes que más valoramos es el resultado del ejercicio de ponernos tantas veces en el lugar de los otros, para entender cómo razonan y sienten otras personas, qué las mueve y qué las afecta. Sin ninguna duda es una de las virtudes más importantes en un directivo, y aquí en el IEEM se trabaja intensamente en ese tema”.
“En la vida empresarial, como en el deporte, las cosas suceden muy rápido. Muchas veces no hay tiempo de razonar la táctica detrás de cada decisión. El aprendizaje de nuevos conceptos hace incluso más difícil tomar las mejores decisiones. Es como cuando en el tennis, al aprender un nuevo golpe, pasamos temporalmente a jugar peor que antes, hasta que asimilamos la nueva herramienta intuitivamente. En temas de dirección sucede lo mismo. De allí la importancia del pasaje de ser concientemente competentes a inconcientemente competentes, en referencia a lo que algunos profesores nos insistían desde el principio del MBA. Este es el verdadero concepto detrás de la promesa de ‘apertura mental’ con la que el director de admisiones nos terminaba de convencer para embarcarnos en este programa”.
El futuro
“Retomo una idea que nos “dejó picando” otro profesor: el día de hoy no terminamos algo, por el contrario, empezamos una nueva etapa mediante una recapitulación y análisis de nuestro plan de vida. Lo que hemos hecho en el pasado importa sólo en la medida que nos sirva para ser mejores en el futuro. Si aprendimos de nuestros aciertos muy bien y si aprendimos de nuestros errores mucho mejor. No nos quedemos mirando para atrás, las personas valemos no solo por lo que hemos hecho sino más aún por lo que podemos llegar a hacer en el futuro”.
“Que sepamos escuchar, apoyar y aportar desinteresadamente a quienes compartan nuestros valores, a quienes nos confíen sus proyectos, a quienes den muestras de capacidad y empuje, confiando, siempre confiando, que hacerlo así asegura un mejor futuro para todos en el largo plazo”.
“Creo que todos somos conscientes del privilegio que significa haber realizado este programa MBA y de la responsabilidad que ahora tenemos. Tengo la seguridad de que podremos hacer mucho por nuestras empresas, por la comunidad y por nosotros mismos, porque tenemos muy firmemente incorporados los valores del trabajo y del esfuerzo. No somos personas a las que seduzca un éxito fácil y efímero, sino que sabemos que los sueños se consiguen, pero hay que trabajar duro para ello”.
“Les propongo que nos volvamos inconformes constructivos, siempre dispuestos a desafiar el status quo, a retar el pasado, siempre preparados y prontos para aceptar la responsabilidad del futuro. Como decía otro profesor, no tengamos miedo de ser criticados, porque aquel que hace algo siempre pisa callos. Sepamos que así será, para poder convivir con ello”.
“Para terminar, y parafraseando al recientemente desaparecido padre del management, Peter Drucker, ‘La mejor forma de predecir el futuro es creándolo’. Y ese es nuestro desafío. Muchas gracias”. |