Una de las responsabilidades fundamentales del directivo es procurar anticiparse a los cambios de su entorno. Un componente de ese entorno de crucial importancia es el gobierno.

CARICATURA El Observador 28 de diciembre 2011

Si bien pronosticar quién ganará las próximas elecciones es materia de politólogos y encuestadoras, hasta llegado el año electoral las posibilidades de los presidenciales no se definen lo suficiente. Dado que el hombre de empresa está urgido de anticipar los cambios de entorno con bastante más antelación –por aquellos de las inversiones de largo plazo y la predicibilidad de las reglas de juego– puede ser de ayuda comprender cuáles son los factores históricos que siempre han incidido en las probabilidades de los aspirantes a presidente.

El impacto de la Ley de Lemas en la estructura partidaria

Comencemos con el contexto, con una perspectiva histórica. Un factor relevante es el régimen electoral. La popularmente llamada “Ley de Lemas”, de 1910, permitía a los partidos llevar varios candidatos presidenciales de un mismo partido, sin mayores compromisos programáticos. ¿El efecto? La ampliación de la diversidad ideológica dentro los partidos llevó a la superposición.

En cada uno de los partidos tradicionales podía observarse una “oferta” que iba de la centro-izquierda a la centro-derecha. Ahora bien, existía una distancia máxima que los electores podían soportar entre los extremos. El ala de centro izquierda no toleraba la derecha, ni la centro derecha la izquierda. Esto fomentó el “centrismo”, esto es, partidos que procuraban brindar una oferta amplia “centrada” en las preferencias de la mayoría de la población. El surgimiento del Frente Amplio coincide con un corrimiento de esas preferencias hacia la izquierda.

¿Cuáles son los desafíos para un presidente de un sistema electoral de estas características? El gobernante debe diluir sus propuestas en frágiles acuerdos intra e interpartidarios. La primera reacción frente a esto fue la reforma constitucional de 1966, la “reforma naranja”, de corte presidencialista. Esta reforma no resolvió el problema de base: ejecutivos sin respaldo parlamentario suficiente.

La reforma constitucional aprobada en el plebiscito del 8 de diciembre de 1996 eliminó la Ley de Lemas al establecer que cada partido se presentaría a las elecciones con un solo candidato presidencial por partido. A su vez, el presidente debe ser elegido por mayoría absoluta, por lo que si no obtiene esos votos en primera ronda, deben ir a segunda ronda los dos candidatos más votados.

Alternancia ideológica

Veamos la orientación ideológica de los cinco últimos gobiernos: centro-izquierda (Sanguinetti, 1985-1989), centro-derecha (Lacalle, 1990-1994), centro-izquierda (Sanguinetti, 1995-1999), centro-derecha (Batlle, 2000-2004), centro-izquierda (Vázquez, 2005-2009). Este fenómeno es similar al observado en muchos países de Europa, y se acostumbra interpretar que refleja el hecho que los votantes alternan entre quien se preocupa por agrandar la torta y quien enfatiza el tamaño relativo de cada tajada.

Pasado y futuro

La victoria de Mujica (2010-2014) es la primera excepción a la alternancia ideológica en 25 años, siendo asimismo la culminación de un proceso de ampliación de la base electoral del Frente Amplio. ¿Guardan relación ambos fenómenos? Puede que sí. La diversidad ideológica por la Ley de Lemas en los partidos tradicionales se contraponía a una mayor homogeneidad del Frente.

Cada vez que la opción de centro-derecha de un partido tradicional triunfó, su ala izquierda se debilitó. Una vez que se completó el ciclo de experiencias de centro-derecha en los partidos tradicionales, la tentación por el voto frentista aumentó. A su vez, para facilitar el salto el Frente Amplio fue desplazándose al centro.

El Frente Amplio se volvió así el refugio de los centro-izquierdistas desilusionados durante todo el período en la oposición, y ser oposición rara vez desilusiona. Muchos factores inciden en esto, aunque quizás el más determinante sea que la disciplina partidaria es más fácil de imponer, porque no se decide, con las responsabilidades consiguientes. Ahora bien, una vez gobierno… ¿por qué no se ha mantenido la lógica de la alternancia?

El período de gobierno de Tabaré Vázquez coincidió con uno de los contextos externos más favorables que ha vivido el país, lo que permitió altísimos niveles de crecimiento y agresivos aumentos del gasto público al mismo tiempo, esto es, logró crecer y repartir, eliminando el fundamento de la alternancia.

Pero al mismo tiempo la estructura ideológica de todos los partidos ha cambiado. Derogada la Ley de Lemas los partidos tradicionales se han vuelto mucho más homogéneos. Si uno observa, por ejemplo, las propuestas de los partidos tradicionales –y las del Partido Independiente– en materia de educación, son variantes totalmente consistentes de una misma base conceptual. Parece ya no haber alas que puedan provocar desde el gobierno mutua decepción.

Por otra parte, Mujica era el candidato de la izquierda, y Astori de la centro-izquierda. Los grupos de izquierda dentro del Frente Amplio no han renunciado a su identidad y es lógico que consideren que este es su momento, luego de haber mantenido un bajo perfil en el gobierno de Vázquez, en parte por su habilidad de contención y en parte porque la consolidación en el poder justificaba el sacrificio de diferir sus reivindicaciones programáticas. No hay nuevas diferencias ideológicas dentro del Frente Amplio, sino la explicitación pública de las diferencias de siempre.

¿Qué pasará en el futuro? Para responder primero debemos evaluar qué pasará con la lógica pendular. Mi opinión es que la lógica pendular persistirá, porque la cultura política de estos países lleva a que cuando una opción funciona, el electorado pase a querer lo que solo la otra opción le puede ofrecer.

La experiencia del primer gobierno del Frente Amplio refuerza asimismo que todo lo bueno sin nada de lo malo es una opción disponible. Ahora bien, si la centro-izquierda ya ofrece crecimiento con reparto, ¿cuál es la opción? Más reparto. En esta línea de razonamiento una parte importante del electorado querrá una opción de izquierda, lo que apuntalará una candidatura presidencial en esa línea en el Frente Amplio.

Con ese panorama, cuanto más próximas se presenten las opciones de los partidos tradicionales a las orientaciones del primer gobierno de Vázquez, mejor les irá. Si la fase de baja del ciclo económico coincide con el período electoral, el Frente probablemente recurra a una opción más moderada, Vázquez. Cuanto más próxima ideológicamente sean las opciones a esta opción frentista peor les irá, por dos razones. En primer lugar, frente a opciones que dicen lo mismo, es preferible quien ya tuvo éxito. En segundo lugar, en la lógica pendular llegó el momento de pedir algo distinto.

Publicado en Café & Negocios, El Observador, 28 de diciembre de 2011.